Casos paranormales reales en España: lo que hay de cierto
Los casos paranormales reales en España que más se repiten en la sobremesa casi nunca son tan simples como se cuentan. Un armario que se abre solo delante de la policía, una voz que habla desde una chimenea, una cara que vuelve a aparecer en el cemento por mucho que la piquen. Repasamos cuatro de los más conocidos con lo confirmado en cada uno, sin negar lo que pudo pasar de verdad y sin esconder a quien vio la ocasión de sacar tajada.

El caso Vallecas, el armario que quedó en un parte de la policía
Todo empezó en un instituto, donde una chica de unos diecisiete años hizo una ouija que terminó mal cerrada con varias compañeras, y murió en el verano de mil novecientos noventa y uno, tras meses de crisis y desmayos, según su familia. Más de un año después, de madrugada, la familia salió a la calle sin atreverse a entrar, y al llegar la Policía Nacional vieron cómo una puerta de armario cerrada por completo se abría de golpe. Esa noche quedó recogido en un parte con una frase que no ha cambiado nunca. De forma súbita y totalmente antinatural.
Años después, sus hermanos ya adultos contaron en prensa y en una serie documental que su hermana tenía epilepsia, y uno reconoce que fue él quien tiró una piedra contra la terraza, porque se lo pidieron. El parte es auténtico, pero recoge lo que percibieron unos agentes, no una medición con instrumentos, y si de verdad se quedó algo en ese piso, tiene más forma de golpeador, la entidad que hace ruido y mueve objetos, que de cualquier otra cosa.
El duende de Zaragoza, la voz que nadie pudo explicar
En una cocina de un segundo piso de Zaragoza, en mil novecientos treinta y cuatro, empezó a oírse una voz de hombre en el hueco de la chimenea que, a mediados de noviembre, dijo su primera frase clara a una criada de dieciséis años que iba a encender el fogón. Por lo que más quieras, no enciendas, que me quemas. Le pusieron nombre, el duende de la hornilla, y bromeó con un agente que le apuntaba al fogón con la pistola. No dispares, que me vas a socarrar, que en la Zaragoza de la época quería decir chamuscar.
La noticia llegó a toda la prensa española y a un periódico de Londres, y una multitud se juntó ante el edificio sin que nadie encontrara nada. Las sospechas cayeron sobre la criada, examinada por dos forenses que escribieron esto. No descubrimos en ella fabulaciones, tendencia a la mentira ni simulación. Se la llevaron, la voz siguió sonando sin ella según los vecinos, y el caso se cerró con la ventriloquia, mientras la prensa que vendió el misterio acababa publicando su nombre.
Lo que se puede abrir en la hemeroteca es material, y lo que solo se repite de oídas es folclore. La evidencia prueba que allí había alguien, pero no prueba quién.

Foto real de la finca donde ocurrió el caso, 1934. Fuente: Hemeroteca Digital, Biblioteca Nacional de España.
Las caras de Bélmez, la cocina que no dejó de dar que hablar
El veintitrés de agosto de mil novecientos setenta y uno, María Gómez Cámara, de cincuenta y dos años, vio una cara en el cemento de su cocina, en Bélmez de la Moraleda, Jaén. La picaron y echaron cemento nuevo, y días después volvió a aparecer otra que ya no se tocó, la Pava, conservada hoy detrás de un cristal. Un periódico de Madrid lo llevó a toda España, y pronto hacían cola cientos de personas para verla. Debajo del suelo aparecieron huesos humanos, y llegaron parapsicólogos, entre ellos el alemán Hans Bender, que hablaron de teleplastia, la idea de que una persona deja sin darse cuenta una imagen sobre una superficie.
María murió en dos mil cuatro, y ese año salieron caras nuevas en otra casa del pueblo. Un investigador las defendió como fenómeno real, un periodista publicó que estaban hechas a mano, y el primero perdió en los tribunales el pleito por su honor, dando los jueces por buena esa versión. Bélmez es el caso donde mejor se ve al oportunista, con turismo y fama ganada defendiendo esas caras. Eso no demuestra que las de los setenta fueran falsas. Demuestra que un fenómeno que da que hablar atrae a quien esté dispuesto a mantenerlo vivo con sus propias manos.
El caso de Granada, cuando no hubo nada paranormal
El treinta de enero de mil novecientos noventa, en una casa del Albaicín granadino, Encarnación Guardia, de treinta y seis años, dos primas suyas y un hombre al que la prensa llamó el Pastelero creyeron que ella tenía algo dentro que sacar, y le dieron bebidas cargadas de sal desde la medianoche hasta bien entrada la tarde siguiente. Una hermana, al ver su estado, obligó a llevarla al hospital, donde entró en coma y murió el uno de febrero por la sal que le hicieron tragar.
La Audiencia Provincial de Granada condenó en mil novecientos noventa y dos al Pastelero y a dos mujeres a cinco años de cárcel, y a una cuarta a dos años y medio, por lesiones e imprudencia temeraria, descartando el homicidio, con una frase que conviene leer despacio. No hubo ánimo de matar, a pesar del considerable número de horas que transcurrieron y las diferentes manipulaciones a las que fue sometida la víctima. Aquí no hay voz ni cara, solo una mujer muerta y cuatro condenados sin que nadie ganara nada contándolo, solo un juicio. Insistimos en dos normas que aquella noche se saltaron. El cuerpo de otra persona no se toca nunca, y la puerta de un trabajo espiritual de verdad se queda siempre abierta para quien quiera irse.

Cómo miramos los casos paranormales reales en España sin elegir bando
Con estos casos paranormales en España delante, separamos primero la fuente, no es lo mismo lo escrito con fecha y firma que lo repetido de boca en boca durante décadas. Después miramos quién ganaba algo contando la historia así, la prensa en Zaragoza, el turismo en Bélmez, y en Granada nadie ganó nada, por lo que ese caso pesa distinto.
Reconocer a un oportunista no significa que el fenómeno fuera mentira, son preguntas distintas. Se reconoce porque aparece después del fenómeno, se beneficia de que la historia siga viva y, cuando alguien lo desmonta, defiende su nombre antes que el hecho. Discernir no es negar, es mirar cada pieza por separado aunque la respuesta quede, en algún punto, sin cerrar, como ya contamos en portales peligrosos.
El episodio completo del podcast dedica más de media hora a estos casos, con calma y el detalle que aquí no entra. Escúchalo, con el resto de la temporada, en la página de nuestro podcast Misterio y más allá.
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Cómpralo en AmazonPreguntas frecuentes
¿Son reales los casos paranormales más famosos de España?
Depende de qué parte del caso mires. Hay hechos documentados, como un informe policial, una prensa de la época o una sentencia, y datos que nunca se han podido demostrar. Un caso puede tener algo real y a alguien que se aprovechó de su fama, sin que una cosa anule la otra.
¿Qué diferencia hay entre un caso paranormal real y una leyenda?
La diferencia está en la fuente. Lo que se consulta en la hemeroteca, con fecha y nombre de periódico, o en una sentencia, es material comprobable. Lo que solo se ha repetido de boca en boca durante años, sin que nadie sepa de dónde salió, es folclore. Separarlas es discernir bien.
¿Por qué en algunos casos famosos aparece gente que se aprovecha?
Porque un fenómeno conocido casi siempre crea alrededor un pequeño negocio, con visitas o un nombre que ganar en la prensa. Reconocemos a un oportunista porque llega después del fenómeno, se beneficia de que la historia siga viva y, cuando alguien lo desmiente, defiende antes su reputación que los hechos, como en el pleito de Bélmez.
¿El caso de Granada tuvo algo paranormal?
No, y por eso lo incluimos como contraste. Aquí no hay voz, cara ni objeto que se mueva, solo una mujer muerta por la cantidad de sal que le hicieron tragar y cuatro personas condenadas. Muestra que el peligro más real no siempre viene de fuera, sino de permitir que alguien decida por la fuerza sobre el cuerpo de otra persona.
Si en tu casa habéis vivido algo parecido y no sabéis si mirarlo con calma o dejarlo pasar, escríbenos por WhatsApp al 645 476 752. Si quieres aprender a discernir un fenómeno real con este mismo método, en el curso Código Médium de la escuela lo explicamos paso a paso.
Ferran J. y Mireia B. · Escuela Ángeles de la Luz
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